La invitación cayó por sorpresa. Todos sabíamos que un Audi R8 estaba guardado celosamente en la planta de VW en Pacheco luego de haber sido la vedette en el acto de aniversario de la marca, pero también sabíamos no estaría disponible para realizar pruebas en los medios de prensa.
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Sin embargo, en la segunda semana de noviembre un grupo reducido de periodistas fuimos convocados al Autódromo de Buenos Aires para manejarlo brevemente en un circuito predeterminado, armado con conos y con algunos tramos que se transitaban en sentido inverso al convencional.
Hacia allí partimos el día indicado con Matías (Antico), ansiosos por manejarlo. La motorización que utiliza -un V8 de 4,2 litros aspirado que entrega 420 CV- es la misma que disfruté largamente en el actual circuito de Nürburgring de F1, pero montado sobre una más racional berlina RS4, versión que desde hace unos meses está disponible por estas tierras.

Deportivo ciento por ciento
Lo cierto es que el R8 aparece en escena como un deportivo de tracción integral en toda su dimensión, sin partir de la base de una berlina ya existente. Nació como un biplaza de motor central, configuración similar a la de una Ferrari, un Porsche o un Lamborghini.
Su diseño lo muestra extremadamente bajo, ancho, con voladizos cortos, inmensas tomas de aire frontales y laterales detrás de las puertas, y con una distribución de pesos ideal de 44% adelante y 56% atrás, con un valor en balanza de 1.645 kilos reales gracias a la utilización de aluminio en su carrocería.
Probablemente por sus características sea uno de los deportivos puros más aptos para trasladarse diariamente. Lo mismo vale para el motor V8 4.2 FSI que utiliza cárter seco, lo que garantiza buena lubricación al momento de doblar en largos curvones o en situaciones de cambios de apoyo permanentes. Es tan suave y progresivo que en ningún momento delata que es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 4,8 segundos o llegar a los 300 km/h.

Tal como sucede últimamente con los autos deportivos, el interior del habitáculo muestra signos de refinamiento con un alto grado de equipamiento de confort, aunque el puesto de conducción y la posición de manejo son claramente deportivos. Todo responde a las normas Audi y se destaca por el volante "rebanado" en el sector bajo junto a un selector muy preciso que comanda la caja R-Tronic de seis marchas con embrague bi-disco. Sólo el acceso a ambas plazas es algo complicado.

En la pista
Tanto Matías como quien escribe pertenecemos al clan que considerada que los autos de este tipo, ante todo, deben ser respetados. Hay que ir buscándolos poco a poco, de menor a mayor, como si se tratara de una nueva conquista femenina, de ésas que nos producen cosquilleos en el estómago.
Con un instructor del Audi Driving (Alejandro González, un tipazo) que hacía las veces de acompañante -vaya trabajito- y daba las indicaciones pertinentes para no cometer errores en el breve contacto de cinco o seis vueltas, puse en marcha el V8 ubicado a mis espaldas.
Con el cambio robotizado se puede optar por modo "Automático", ideal para circular en pleno tránsito, pero el menos indicado para girar en un autódromo. En esas condiciones cumplí el primer giro, pero el patinamiento en el paso de las marchas hizo que en las zonas de frenaje los cambios fueran decreciendo con lentitud y al llegar el momento de doblar en una "U" inventada, a la bajada de la "S" de Senna, el R8 se fuera de trompa hasta que traccionaba desde ambos ejes con la potencia adecuada.

Motor V8 aspirado de 420 CV que comparte con el RS4
A partir de la segunda vuelta, la R-Tronic mostró su nervio, su velocidad y sus cualidades mediante respuesta inmediata y contundencia ante cada cambio de marcha.
En las zonas de curvas y contracurvas sucesivas (entrada al mixto del circuito 9) es donde se nota la reacción del auto, con apoyos firmes a uno y otro lado y sin balanceos, además de una tracción eficaz que aplica los 420 CV al piso sin desperdicios.
Los rebajes (con golpe de acelerador incluido, obra de la electrónica) dejan escuchar el sonido espléndido del motor girando a regímenes elevados. En esas condiciones se pone en evidencia una lograda armonía entre el motor y el chasis, que redunda en reacciones precisas.
A este comportamiento se suma un equipo de frenos con cuatro discos ventilados de 365 y 355 mm de
diámetro que son accionados por medio de un pedal no tan firme (el uso intensivo puede ser la causa), pero que igualmente transmite seguridad.
Como todo tracción integral, los excesos en curvas lentas y de media velocidad se manifiestan mediante una leve subvirancia. Dependiendo de las circunstancias, la electrónica puede enviar hasta el 90% del par motor al tren trasero, en tanto el delantero absorbe un máximo del 35%. Estirando los cambios hasta las 7.500 rpm (no hace falta ir más allá) se logran procesos de aceleración que en menos de 200 metros superan los 140km/h con partida detenida.
Pero -sin duda- su fuerte es el chasis, que muestra todo su potencial en cuanto hay que doblar en forma permanente a izquierda y derecha... Un chasis que indudablemente, y a corto plazo, recibirá una inyección de potencia que lo pondrá a la altura de los mejores deportivos del mundo.
Si bien no hay un precio definido, se habla de unos 200.000 dólares. Si el Audi R8 está en sus planes, haga su pedido.
Por Carlos Figueras
Fotos Miguel Tillous


Butacas de excelente sujeción lateral y posición de manejo de primer nivel
