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Road Test de autos importados en el mercado argentino

Por Gustavo Ernesto López
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Ford Mustang GT 300 - 1968

Crazy Horse

Revista Automundo Nro 139. Enero de 1968

 

Ford Mustang GT 300

 

Cuando un hombre, por razones de profesión, debe pilotear los aviones más recientes y veloces que la era moderna y el excepcional avance de la técnica aeronáutica han hecho posible, difícil es que -cuando conduce en tierra y sobre cuatro ruedas- se conforme con un auto que integra el concierto de la medianía

No nos sorprendió, entonces, que el coronel Vega -miembro de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de Norteamérica- dispusiera para su traslado al nivel del suelo, de un Mustang GT, equipado con el versátil motor 289 que, además de haber incorporado a sus entrañas la versión alta performance de fábrica, con la que su potencia se eleva a 271 HP, agregó a esa tropilla, mediante modificaciones adicionales, los caballos suficientes como para que podamos denominarlo, sin faltar a la verdad, como la única versión Mustang GT "300" existente en nuestro país.
Con bastantes reticencias, ya que creemos que no es habitual que los dueños cedan graciosamente sus vehículos para que AUTOMUNDO proceda a testearlos, por todas las posibles derivaciones que el hecho implica, hicimos llegar la sugerencia al coronel Vega, utilizando de mediador a Jim Parks, raidista sobre dos ruedas y experto en competencias de "drags" en su país de origen, los Estados Unidos de Norteamérica. Con algo de sorpresa -en esta oportunidad- recibimos el sí.

 

Ford Mustang GT 300

 

El pasar a ser "dueños" momentáneos de la unidad nos produjo un real placer, fácilmente imaginable.
Cuando llegó la hora de la contrapartida, es decir, de la devolución, descubrimos que la ley de Lavoisier, aquella que dice que "en la naturaleza nada se pierde, nada se crea, sino que todo se transforma" no es del todo exacta. Nuestro pesar por tener que reintegrar el vehículo a su dueño superó con creces aquella alegría que tuvimos al recibirlo. Se creó, entonces, una porción de pesar que antes no existía. De donde, al menos, llegamos a la conclusión que el conformismo puede ser parte integral de la felicidad. Pero nos quedamos sin el Mustang.

Mediante un poco de historia ...

... podremos, al aquilatar otras experiencias, llevar al plano de la comparación la performance extraída del Mustang GT "300".
Exteriormente nada ha cambiado. Entendemos que el estilo en el que se ha basado la línea Mustang es, si no único en su género, al menos muy particular. También es cierto que ha provocado controversia de los estilistas el juego de líneas que le dieron forma desde su nacimiento, en 1964.

Ford Mustang GT 300
La curva de Ascari. A medida que se prueban autos más veloces, su pretendida facilidad se transforma en problemas. El Mustang se comportó como bueno

 

Podrá gustar o no gustar, pero frente a su paso nadie permanece indiferente. Por supuesto que nosotros compartimos la admiración que su prestancia despierta, aunque mantenemos algunas reservas sobre el tratamiento de su trompa y cola, que le quita agilidad a un diseño que pudo ser mas puro.
Cuando el motor 289 hizo del Mustang un hogar permanente, con un desplazamiento de 4.727 cm3; 9.1 de índice de compresión y un solo carburador de cuatro bocas, entregaba 210 HP a 4.400 rpm. Su torque no era nada despreciable, se elevaba a 300 lbs/pie a 2.400 rpm, con lo que la elasticidad de la planta motriz quedaba asegurada y su correcta utilización, dentro de los márgenes óptimos, a cargo de una caja de cuatro velocidades hacia adelante, totalmente sincronizada.
Claro que, de aquel entonces a ahora, muchas cosas han cambiado, además de la sigla GT que acompaña al nombre de Mustang.
Esta representa ahora freno de disco en el tren delantero, resortes espirales más duros, amortiguadores Koni, una relación de desmultiplicación de dirección de 16:1, una relación de puente de 3.25:1, diferencial de paso limitado y llantas de media pulgada más anchas. La suspensión ha recibido también cierto toque de sofisticación. Ya no hay más contacto entre metal y metal, entre los componentes de la suspensión y la estructura. Allí ahora están presentes bujes de goma especial, que prestan mayor suavidad al accionar del conjunto. La suspensión delantera es un paralelogramo deformable de brazos desiguales y el inferior fue alargado dos pulgadas y media en relación al que equipaba los modelos previos. Al mismo tiempo, el punto de pivote del brazo superior se bajó. Estos cambios han producido, en forma aparente, una actitud más uniforme en el movimiento de las ruedas, con lo que el comportamiento del tren delantero mejoró sensiblemente. En lo referente al tren trasero, este no ha recibido modificaciones de peso, manteniendo idéntico para todos los modelos, desde el 6 cilindros al 390, pasando por todas las versiones del 289. La consecuencia sólo puede ser una; la cola se transforma en el talón de Aquiles del Mustang, en cuanto decidimos tirarlo, sin inhibiciones.

Ford Mustang GT 300
Cuando llegó el momento de hacer las pruebas de aceleración sobre un cuarto de milla, llamamos en nuestra ayuda a Jim Parks, piloto de "drag races" en su país de origen, los EE.UU.. Nos regaló tiempos muy significativos y, al parecer, la transmisión no sufrió por ello

Hablábamos de experiencias previas y, de nuestra libreta de apuntes surgen algunas cifras que, al tenerlas presentes, nos servirán para evaluar correctamente el auto testeado y las mejoras que han tenido durante ese lapso. Anotamos una velocidad máxima de 176 km/h. Recordamos que el cuarto de milla, o sea los 400 metros con partida detenida, los recorrimos en 16s 3/10 y que la aceleración de 0 a 100 km/h la obtuvimos con registros que oscilaron entre 7s 8/10 y 8s 2/10.

El Mustang GT 300 en la ciudad

Lo primero que llama la atención en el tránsito ciudadano es que uno llama la atención. Cuando la costumbre se ha abierto paso y comentarios como ... "¡Andás a pie...!" o "¡Comprate un auto... !" dejan de hacernos mella, podemos concentrarnos más en apreciar las cualidades y las calidades de lo que estamos conduciendo.
Por mero espíritu de contradicción, la primera parte de estas impresiones de manejo las realizamos en el centro de la ciudad. Por cierto que sabíamos que se trataba del escenario menos propicio para destacar las virtudes, pero también suponíamos que algunos defectos -los que surgen de una afilada preparación de la planta motriz- podrían ponerse en evidencia en el espeso y convulsionado tránsito porteño.
De más está decir que en este aspecto de las pruebas, la leva de la caja de cambios encontró una ubicación, únicamente, en primera y segunda velocidad. Las relaciones, 2.78:1 en primera y 1.93:1 en segunda, conjugadas con la final de puente, 3.25:1, y los neumáticos, 650 x 13, hicieron prácticamente imposible el uso de la tercera velocidad (1.36:1) y mucho menos de la directa. Pero dos cosas que esperábamos que sucedieran o que, al menos, no hubiera sido ilógico que aparecieran, no se hicieron presentes: ni existieron molestos tironeos que podían haber sido producidos por el embrague "heavy duty", de 16 pulgadas de diámetro, ni la aguja del termómetro que registra la temperatura del motor superó el nivel de lo normal.

Ford Mustang GT 300

Entrada a "mixtos" y salida de la curva que les da comienzo en el circuito Nro. 2. Un lugar que es preferido por muchos entendidos. El Mustang GT se apoya fuerte y rola con discreción

 

Con todo, faltaríamos a la verdad si dijéramos que es posible usar liberalidad en la acción del acelerador en el centro de la ciudad. De hacerlo el Mustang haría honor a su nombre y saldría disparado en forma tal que nos sería muy difícil evadir las flamantes y muy pesadas multas con que la Municipalidad ha pretendido corregir notorios vicios del tránsito ciudadano.
Claro que, hablando de verdades, no diríamos toda la verdad si omitiéramos mencionar que fuimos tentados, caímos en la trampa y que, eso sí, salimos victoriosos del encuentro.
Sucedió ... ¡cuando no! en un semáforo, antes de que las pruebas de aceleración que efectuamos oportunamente en el autódromo municipal nos dieran una noción cabal de las posibilidades del auto.
Llegamos a la expectante fila cuando todos estaban algo impacientes. La esquina de Libertador y Tagle, y la muda pero significativa presencia del Automóvil Club Argentino fueron escenario y testigo respectivamente.
¡Para qué hacer nombres...!. ¡Para qué mencionar las marcas...!. Lo mejor es la síntesis y de ella el concepto y el resultado. Fuimos tentados y pecamos. El arrepentimiento nos llegó cuando la tercera velocidad estaba colocada, el tacómetro superaba las 4.000 rpm y los ocasionales adversarios habían quedado, en tendal, muy atrás.
Con un suspiro, mezcla de arrepentimiento y resignación, levantamos el pie. Aunque no dejó de ser lindo -pensamos ahora- seguir teniendo veinte años en un rincón del corazón.

Ford Mustang GT 300

El Mustang en la ruta

Más que cualquier otro, ese es su elemento. Velocidades de crucero altas, del orden de aquellas que más que respetables deben ser respetadas se mantienen sin aparente esfuerzo de la planta motriz, y sin real esfuerzo de quien conduce. Los frenos, siempre que el abuso no reitere una exigencia desmedida, son aptos para la tarea que deben desempeñar. El auto dobla bien, dibuja las curvas sin desmedido rolido y la reserva de potencia siempre está presente para casos de apuro.
Buscamos "nuestro kilómetro". Aquel que sabemos que no tiene declives y del que hemos comprobado -mediante la cansadora pero exacta cinta métrica- que tiene los 1.000 metros que el sistema métrico decimal establece.
El viento era casi nulo. La temperatura, tórrida.
Una y otra vez, en uno y otro sentido, probamos la velocidad tope. Las diferencias entre prueba y prueba mostraron, únicamente, nuestra diferencia, aplicadas a los distintos regímenes en que realizamos los cambios de velocidades. El mejor promedio para dos pasadas quedó registrado en 202.247 km/h, mientras que el más bajo consiguió la cifra de 197.802 km/h y fueron varios los que "clavaron" 18 segundos, que representan 200 km/h.

Ford Mustang GT 300

Barajando las impresiones como quien lo hace con un mazo de naipes, enfilamos rumbo al autódromo municipal. Al auto lo sentíamos más ágil, más estable, más "nuestro".
Negociamos -gracias a la soledad del camino- algunas curvas de las típicas a velocidad que superaba los márgenes habituales de prudencia. Probamos también el accionar de los frenos sobre distintas composiciones de pavimento. Encontramos poco "fading", buena estabilidad lateral y eficaz acción frenante, siempre y cuando orilláramos, del lado de la seguridad, los "panic stops". Cuando estos se traducen en necesidad y los segundos parecieron devorar la distancia que nos separa del peligro, la ayuda de la caja de velocidades -excepcional en todo sentido- es casi imprescindible para descontar décimas de segundo y metros.

el circuito 2... Entre el perimetral y

... realizamos las pruebas de autódromo, a las que se sumaron en esta oportunidad las de aceleración sobre 400 metros, el habitual cuarto de milla sobre el que, en Estados Unidos de Norteamérica, se disputan las muy famosas competencias de "drags".
Luego de realizar algunos intentos con resultados que a nuestros ojos parecían buenos y a los de los expertos sólo discretos, solicitamos la colaboración de Jim Parks, piloto de "drag races" el mismo, quien antes de dar comienzo a su primer intento, con expresión no exenta de cierta sorna , nos dijo...
- Pasa que ustedes no se animan a dar un trato realmente duro a la transmisión. Se olvidan que ha sido fabricada para eso, para que aguanta todo tipo de brusquedad en la transmisión de potencia.
Ni asentimos, ni negamos. Nos limitamos a esperar y el tiempo, una vez más, dio la razón... al otro.

Ford Mustang GT 300
Este es el famoso "cajón". Con dudosa caridad existen quienes, refiriéndose a los que se van al pasto, lo han llamado "la curva de los giles". El Mustang GT, aun tirado no se descontrola. La recorre en segunda velocidad y admite un pie pesado de quien lo conduce

Cuando Jim Parks, sacando hasta el último caballito del motor y jugando como él bien sabe los índices de adherencia, nos regaló el primer registro, 16s 4/10, lo miramos con mucho más respeto que antes. Cuando al insistir bajó la cifra a 15s 9/10, la cosa ya fue para ponernos serios. Luego "vino de felicitación". No era para menos. El registro, a nuestro juicio, fue excepcional: 15s 7/10 para los 400 metros, con partida detenida.
Seguimos en la tarea.
Mientras la tarde avanzaba fuimos probando distintos aspectos del auto en test.
En el circuito perimetral se encuentra a sus anchas, sin que signifique que sea difícil de conducir en el nro 2, ni que le haga malas caras a las curvas cerradas, a los mixtos.
El curvón se negocia en tercera velocidad, la aguja del cuentavueltas bien arriba y bastante vecina a la raya roja, que establece como límite de régimen las 6.000 rpm. Sobre el final del curvón, al deslizar sobre las cuatro ruedas el régimen cae, pero la presencia del derecho que nos lleva a la curva de Ascari y el llamado a la caballada hacen que la colocación de la directa sea una necesidad mientras el curvón todavía está fresco en el recuerdo.
Ascari se vuelve engañosa. Es ésta una curva que siempre parece fácil, hasta que se la aborda con 5 km/h más que los que ella y el auto permiten. Allí llega la sorpresa y ésta, puede ser contundente. Insistimos en la misma buscando la indicación de que orillábamos las cercanías del "despegue". La encontramos en un "power slide" honesto, con alguna insistencia del tren trasero que nos inhibe de llamarlo perfecto. Velocidad: 3era. Régimen: 5.600 rpm. Cuando la directa nuevamente "engancha", el motor trepa en su rotación como si no se hubiera dado cuenta. Todas las agujas hacia la derecha. Frenando para abordar la horquilla, el limite está en los 150 metros, algo largos. Pasarse es, más que buscar, encontrar el problema. Lo hicimos y sólo una primera que adivinó su camino en el más oportuno de los momentos, impidió contactos no deseados entre alambrado y Mustang.

Ford Mustang GT 300
En la horquilla, para la que debe frenar antes de los 150 metros, el Mustang se comporta a la altura de sus antecedentes. Vira fuerte y controlado. Sale con mucha potencia y utilizando en toda su posibilidad el diferencial de paso limitado

En esta curva, en segunda velocidad el auto doble menos forzado y es más sencillo mantener el control de la trasmisión de potencia, pese al diferencial de paso limitado que es equipo de norma.
No podemos negar que en el circuito 2 nos divertimos mucho más. La entrada a "mixtos" es un poema -siempre que se haya frenado a tiempo- ya que la bruta aceleración del Mustang GT nos saca, -casi de cualquier apuro-, como si un tractor tirara de la trompa.
Las "eses" pasan bajo el Mustang como si no existieran. Luego, tanto la curva previa al "cajón" como ésta, se superan en base a deslizamiento y potencia. Algo así -aunque muy lejana la relación- como un midget enfrenta su dificultad. Cruzarlo antes, sobrecorrección y mucho acelerador.
El "tobogán" quizá haya sido la dificultad más difícil de superar. Cierta insinuación de "flan", que aparecía justo en el momento de acomodar el auto para la salida, agregó algunas impensadas gotas de adrenalina al torrente sanguíneo.
En resumen, un examen aprobado con reservas. ¿Por qué?. Porque luego de un "tratamiento" de resortes espirales de competición, la dosificación justa de una barra antirrolido y el agregado de amortiguadores "de aquellos" sí, de los que se hacen en nuestro país todo podría mejorar.
Pero una cosa es segura y merece ser afirmada.
En ninguna de nuestras competencias, ni en las de Turismo Anexo J, ni en la de TC, el Mustang GT "300", en su actual estado y con toda su versión de calle puesta, haría mal papel. Casi nos animaríamos a decir que sería una sorpresa para más de un piloto que está convencido que compite conduciendo un auto de carrera.

Por Miguel Ángel Barrau

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VELOCIDAD MÁXIMA 202.247 KM/H
(en
4ta marcha)

ACELERACIÓN

0 a 400 metros 15.7 s
0 a 1000 metros 27.3 s (*)
0 a 100 Km/h 6.5 s (*)

CONSUMO

Urbano 21.2 - 27 (*)
Autopista 18 - 22 (*)
Promedio 19.7 (*)

(*) Datos del sitio http://www.automobile-catalog.com/

Ford Mustang GT 300
Al salir de los "mixtos", frente a la exigencia del piloto, lo hace "arando"

 

Ford Mustang GT 300

El interior del Mustang GT. Tiene tantas cosas que parece la cabina de un avión. De ellas apreciamos, por útil, el tacómetro, por prevención los relojes de temperatura de agua y presión de aceite, por no ser mentiroso el velocímetro y por ser casi "sibarítico", en una tórrida tarde de diciembre, el aire acondicionado

Ford Mustang GT 300

El famoso y algunos infortunadas veces trágico "curvón". Entrar al Mustang como es habitual fue, durante el transcurso de las pruebas, mucho más sencillo que sacarlo. Sobre el final, al trabarse, el régimen de rotación cae, pero la caballada recupera de inmediato, sin perder aliento

 

Ford Mustang GT 300
Ford Mustang GT 300

La que resultó la más dificultosa, por las especiales características del auto. El "tobogán" o "mixto en bajada". La entrada la realiza según ortodoxos cánones. Sobre la mitad del recorrido, cuando se hace necesario "hamacar" la cola, el tren trasero es algo menos de lo que -para el auto- debería ser

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